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¿Puede BEMER ayudar a dormir mejor?

⌂ octubre 2026⟳ Revisión: 10/2026◷ Lectura: 10 min
En esta respuesta

1. La respuesta, en una frase

Algunos estudios han observado mejoras en diferentes medidas del sueño durante el uso de BEMER, incluidas medidas instrumentales, pero la evidencia específica aún es limitada y no permite considerar a BEMER un tratamiento demostrado del insomnio o de otros trastornos del sueño. Los resultados disponibles son interesantes porque aparecen en poblaciones y formas de medición diferentes, pero los estudios publicados hasta ahora no disponen del tipo de control necesario para saber con suficiente seguridad qué parte de las mejoras observadas es atribuible específicamente a BEMER. Ya se ha completado un ensayo BEMER aleatorizado, triple ciego y controlado con placebo, pero sus resultados aún no son públicos.

2. ¿Qué dice la ciencia?

1. Dormir mejor: ¿una sensación o algo que podemos medir?

Cuando decimos que hemos dormido bien, normalmente hablamos de una sensación: nos hemos dormido con facilidad, nos hemos despertado menos veces o nos levantamos más descansados. Esta percepción es importante, pero estudiar científicamente el sueño requiere distinguir entre dos maneras diferentes de medirlo.

Por un lado, están las medidas subjetivas, obtenidas mediante cuestionarios o diarios en los que la persona explica cómo ha dormido. Por otro, están las medidas instrumentales, que permiten estimar variables como el tiempo total de sueño, la latencia de inicio del sueño, la eficiencia del sueño, los despertares o las diferentes fases del sueño.

Esta distinción es especialmente importante cuando se estudia una intervención. El sueño puede variar por muchos factores —estrés, actividad física, horarios, expectativas o cambios en el estado de salud— y una persona también puede percibir que duerme mejor por el hecho de participar en un tratamiento.

Por ello, cuando queremos saber si una intervención mejora realmente el sueño, los estudios más informativos son los que incorporan medidas validadas, un grupo de comparación e, idealmente, un placebo que simule el tratamiento activo y permita separar el efecto específico de la intervención de otros factores.

2. ¿Qué se ha observado específicamente con BEMER?

Uno de los primeros estudios que analizó el sueño durante el uso de BEMER fue publicado por Bohn y colaboradores en 2013 (1).

El estudio formaba parte de un seguimiento posterior a la comercialización y analizó a personas con problemas de salud muy diversos. Durante seis semanas utilizaban BEMER dos veces al día y respondían diferentes cuestionarios antes y después del periodo de uso.

En las 604 personas con datos de sueño disponibles, la puntuación media de la Jenkins Sleep Scale pasó de 3,3 a 2,7, una diferencia estadísticamente significativa. En total, 370 participantes presentaron una mejora en la puntuación (1).

Es un resultado favorable, pero el diseño del estudio obliga a interpretarlo con prudencia. No había un grupo control, placebo, aleatorización ni cegamiento. Por tanto, el estudio muestra que el sueño percibido mejoró durante aquellas seis semanas, pero no permite determinar qué parte de esta mejora fue causada específicamente por BEMER.

Esta diferencia entre observar una mejora y demostrar su causa es una de las claves para entender la evidencia disponible.

3. ¿Qué ocurre cuando medimos el sueño con instrumentos?

Una investigación posterior aportó una perspectiva diferente.

Moen y colaboradores estudiaron a 21 jugadoras de fútbol de élite noruegas durante una temporada deportiva. A diferencia del estudio anterior, el sueño no se valoró solo mediante cuestionarios: se utilizó Somnofy, un sistema instrumental basado en radar, previamente validado frente a polisomnografía en adultos sanos (2).

Durante el periodo en el que las jugadoras utilizaban BEMER, los investigadores observaron aumentos en diferentes variables, entre ellas el tiempo en la cama, el tiempo total de sueño, la duración del periodo principal de sueño y el sueño REM (2).

Estos datos son interesantes porque no dependen exclusivamente de la percepción de las participantes.

Pero los resultados no fueron uniformes. En algunas comparaciones también se observaron una latencia más larga para dormirse, más tiempo despierto después de haberse dormido o una menor eficiencia del sueño. Los mismos investigadores describen una parte de los resultados sobre calidad del sueño como contradictoria (2).

Además, el estudio no era aleatorizado ni disponía de un grupo placebo. El periodo sin BEMER y el periodo con BEMER correspondían a momentos diferentes de la temporada, de modo que factores como la carga de entrenamiento, la competición, el estrés o la estacionalidad también podrían haber influido en los resultados.

Por tanto, este estudio aporta un indicio medible objetivamente, pero aún no permite establecer una relación causal con suficiente seguridad.

4. ¿Y las jugadoras sentían que dormían mejor?

El mismo grupo investigador publicó en 2024 un segundo análisis centrado en la percepción subjetiva del sueño (3).

Es importante aclarar que no se trata de un segundo estudio independiente: son las mismas 21 jugadoras y la misma recopilación longitudinal de datos de la investigación anterior.

Las participantes registraban cada mañana cuánto habían dormido y cómo valoraban la calidad de su sueño. En algunas comparaciones relacionadas con las noches de partido se observaron resultados favorables durante el periodo BEMER.

Sin embargo, las medias globales fueron prácticamente idénticas. La duración subjetiva media del sueño fue de aproximadamente 8 horas y 7 minutos tanto antes como durante el periodo BEMER, y la calidad subjetiva global tampoco mostró una diferencia clara entre periodos (3).

Esta combinación de resultados es importante. No invalida los cambios observados en determinadas noches o variables, pero refuerza la necesidad de no resumir el estudio simplemente diciendo que «BEMER mejoró el sueño».

5. ¿Qué nos dice la investigación sobre otros tipos de campos magnéticos?

BEMER no es la única tecnología basada en campos electromagnéticos que se ha estudiado en relación con el sueño.

Un ensayo multicéntrico publicado por Liao y colaboradores en 2023 estudió a 153 personas con trastorno de insomnio diagnosticado según criterios DSM-5. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a un sistema de terapia magnética pulsada o a un dispositivo placebo, en un diseño doble ciego (4).

Después de cuatro semanas, el grupo activo presentaba una puntuación media en el Insomnia Severity Index de 7,13, frente a 11,07 en el grupo placebo. También se observaron diferencias en otras medidas subjetivas del sueño (4).

Un ensayo anterior de Pelka y colaboradores, con 101 participantes, también había encontrado resultados favorables con otro sistema de campos magnéticos de muy baja frecuencia frente a placebo (5).

Estos estudios son interesantes porque demuestran que determinadas formas de estimulación magnética pueden estudiarse con diseños controlados y pueden producir resultados diferentes al placebo.

Pero esto no significa que los resultados sean transferibles a BEMER.

Las tecnologías utilizadas tienen frecuencias, intensidades, formas de onda, localizaciones y protocolos de aplicación diferentes. Una revisión reciente sobre terapias físicas para el insomnio considera que la evidencia sobre PMTS/PEMF es todavía emergente y remarca la heterogeneidad de los dispositivos y protocolos estudiados (6).

Por tanto, estos estudios aportan contexto científico, pero no evidencia directa sobre la eficacia de BEMER.

6. ¿Cuál es la principal limitación de la evidencia sobre BEMER y sueño?

Los estudios específicos de BEMER disponibles comparten una limitación importante: ninguno de los resultados publicados procede todavía de un ensayo BEMER aleatorizado y controlado con placebo.

En Bohn hay una muestra considerable, pero no hay grupo control (1).

En Moen hay medidas instrumentales repetidas durante meses, pero solo 21 participantes y sin aleatorización ni placebo (2,3).

Esto significa que tenemos señales, pero todavía no la prueba experimental que permitiría separar con más seguridad el efecto específico de BEMER de las expectativas, los cambios naturales del sueño u otros factores que se producen al mismo tiempo.

Y aquí aparece un dato especialmente interesante.

7. El estudio que puede responder mejor a esta pregunta ya se ha realizado

El registro de ensayos clínicos recoge un nuevo estudio, NCT07299669 (BEMER-sport), diseñado precisamente para superar varias de las limitaciones anteriores (7).

El estudio incluye a 60 futbolistas asignados aleatoriamente a BEMER o a un dispositivo placebo físicamente equivalente. El diseño es triple ciego e incorpora medidas instrumentales del sueño mediante Somnofy.

Entre los desenlaces principales se encuentran el tiempo total de sueño y la eficiencia del sueño.

El estudio consta como completado en octubre de 2025. Sin embargo, a 28 de septiembre de 2026 no hay resultados públicos disponibles.

Esto es relevante porque, si se publican, estos resultados pueden aportar un nivel de evidencia muy superior al que tenemos actualmente. Y su valor será importante independientemente de cuáles sean los resultados: tanto si muestran diferencias entre BEMER y placebo como si no las muestran.

3. La respuesta a la pregunta inicial

Después de revisar la evidencia disponible, podemos volver a la pregunta inicial: ¿puede BEMER ayudar a dormir mejor?

La respuesta más ajustada a la ciencia actual es que podría ayudar en algunos aspectos del sueño, pero todavía no lo podemos afirmar con suficiente certeza.

Los estudios específicos de BEMER han observado mejoras en algunas medidas subjetivas e instrumentales del sueño. El hecho de que estas observaciones aparezcan en poblaciones y metodologías diferentes hace que la señal sea interesante y justifica seguir investigándola.

Pero los estudios publicados tienen limitaciones importantes. Bohn no dispone de grupo control, y los trabajos de Moen corresponden a una única cohorte pequeña, sin aleatorización ni placebo, con resultados favorables en algunas variables pero no en todas.

También existen ensayos controlados con otras tecnologías magnéticas que han mostrado resultados favorables en personas con insomnio. Estos estudios indican que la relación entre determinadas formas de estimulación magnética y el sueño es una línea de investigación plausible, pero no demuestran la eficacia de BEMER, porque cada tecnología utiliza características físicas y protocolos diferentes.

Con la evidencia disponible, lo más prudente es hablar de un posible efecto sobre algunos aspectos del sueño, no de una eficacia demostrada sobre el insomnio. Los estudios publicados ofrecen señales interesantes, pero todavía necesitamos evidencia controlada que permita confirmarlos.

La situación científica, sin embargo, puede evolucionar. Ya se ha completado un ensayo BEMER aleatorizado, triple ciego y controlado con placebo que mide instrumentalmente el sueño. Cuando se publiquen sus resultados, dispondremos de una pieza mucho más sólida para saber si las señales observadas hasta ahora corresponden a un efecto específico de BEMER.

Hoy, por tanto, hay una señal favorable que merece ser estudiada, pero todavía no una demostración clínica suficiente.

4. Bibliografía científica

  1. Bohn W, Hess L, Burger R. The effects of the “physical BEMER® vascular therapy”, a method for the physical stimulation of the vasomotion of precapillary microvessels in case of impaired microcirculation, on sleep, pain and quality of life of patients with different clinical pictures on the basis of three scientifically validated scales. J Complement Integr Med. 2013;10(Suppl):S5–S12. doi:10.1515/jcim-2013-0037.
  2. Moen F, Pettersen SA, Gjertsås K, Vatn M, Ravenhorst M, Kvålsvoll A, et al. The effect of bio-electro-magnetic-energy-regulation therapy on sleep duration and sleep quality among elite players in Norwegian women's football. Front Psychol. 2023;14:1230281. doi:10.3389/fpsyg.2023.1230281.
  3. Moen F, Pettersen SA, Mosleth EF. The effect of electro-magnetic-energy-regulation therapy on subjective sleep among elite players in Norwegian women's football. Front Sports Act Living. 2024;6:1343841. doi:10.3389/fspor.2024.1343841.
  4. Liao J, Wang S, Zhou B, Liang W, Ma P, Lin M, et al. Efficacy and Safety of Pulse Magnetic Therapy System in Insomnia Disorder: A Multicenter, Randomized, Double-Blind, Placebo-Controlled Trial. Psychiatry Investig. 2023;20(6):559–566. doi:10.30773/pi.2022.0362.
  5. Pelka RB, Jaenicke C, Gruenwald J. Impulse Magnetic-Field Therapy for Insomnia: A Double-Blind, Placebo-Controlled Study. Adv Ther. 2001;18(4):174–180. doi:10.1007/BF02850111.
  6. Li S, Long Q, Huang D, Mao Y. Physical factor therapies for insomnia: a narrative review of mechanisms, clinical evidence, and phenotype-guided applications. Front Psychiatry. 2026;17:1835178. doi:10.3389/fpsyt.2026.1835178.
  7. ClinicalTrials.gov. NCT07299669 — BEMER-sport. Assaig aleatoritzat i controlat amb placebo sobre BEMER, son i recuperació en futbolistes. Estat consultat: 28/09/2026.