En esta respuesta
1. La respuesta, en una frase
Los estudios clínicos muestran que el dolor ha disminuido durante intervenciones con BEMER en diferentes problemas musculoesqueléticos, como el dolor lumbar, la fibromialgia, el dolor miofascial, el síndrome de dolor regional complejo y el dolor cervical (1–8).
Cuando BEMER se ha comparado con un tratamiento simulado utilizado como placebo, los resultados han sido variables: algunos ensayos han observado resultados favorables, mientras que en otros la mejora ha sido similar entre BEMER y placebo o las diferencias no se han mantenido en el tiempo. La revisión sistemática de 2026 concluye que la evidencia disponible todavía no demuestra de manera consistente una superioridad de BEMER sobre el placebo para reducir el dolor musculoesquelético (1).
Por lo tanto, existen señales clínicas de interés en situaciones concretas, pero todavía no se puede establecer un efecto analgésico específico y consistente de BEMER. Los resultados dependen de la patología, el protocolo, los tratamientos asociados y la calidad metodológica de cada estudio.
2. ¿Qué dice la ciencia?
El dolor musculoesquelético no es una única realidad
El dolor musculoesquelético puede aparecer en problemas muy diferentes y los mecanismos que lo generan o lo mantienen no son necesariamente los mismos. Por ello, los resultados observados en dolor lumbar, fibromialgia, dolor miofascial, artrosis, dolor cervical o síndrome de dolor regional complejo no se pueden considerar equivalentes.
Esta BC ofrece una respuesta general sobre el conjunto de la evidencia. El análisis de cada problema concreto requiere valorar los estudios específicos disponibles.
¿Por qué se ha investigado BEMER en el dolor?
BEMER utiliza campos electromagnéticos pulsados de baja intensidad con una señal específica. Tal como se analiza en la BC-001, se han descrito efectos fisiológicos medibles sobre determinadas variables de la microcirculación.
Esta base fisiológica aporta una hipótesis plausible para investigar BEMER en situaciones dolorosas, pero los ensayos clínicos de dolor no demuestran que una eventual reducción del dolor sea causada por los cambios microcirculatorios. Por ello, es necesario diferenciar la plausibilidad del mecanismo del efecto clínico observado.
Dolor lumbar: el grupo de estudios más amplio
Gyulai et al. (2015) realizaron un ensayo aleatorizado y doble ciego en personas con dolor lumbar crónico o artrosis de rodilla. Todos los participantes recibían fisioterapia y se añadía BEMER activo o placebo. En el subgrupo con dolor lumbar se observó una reducción del dolor a corto plazo favorable a BEMER, mientras que en la artrosis de rodilla no se demostró una superioridad equivalente (2).
Alzayed y Alsaadi (2020) utilizaron explícitamente un dispositivo BEMER Pro Set en un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo. Ambos grupos realizaban también el mismo programa de ejercicios. BEMER mostró una mejora más rápida del dolor y la discapacidad en la semana 3; en las semanas 6 y 13, sin embargo, las diferencias entre BEMER y placebo ya no eran significativas (4).
Auger et al. (2021) compararon tratamiento osteopático manipulativo (OMT), BEMER, OMT+BEMER y un grupo control con tratamiento simulado. El grupo OMT+BEMER presentó la mayor reducción porcentual del dolor, pero las diferencias entre los cuatro grupos no alcanzaron significación estadística. Por lo tanto, el estudio sugiere una posible señal favorable, pero no demuestra una superioridad de BEMER (7).
Abdelbasset et al. (2021) compararon un campo electromagnético pulsado (PEMF) combinado con ejercicio domiciliario, ejercicio solo y láser de alta intensidad combinado con ejercicio. La revisión de Karcı informa de mejoras respecto al ejercicio solo, mientras que el láser obtuvo resultados superiores en algunas variables (1,8). Dado que la identificación del dispositivo como BEMER no queda confirmada en la información primaria disponible, este estudio se interpreta como evidencia PEMF y no como prueba específica de BEMER.
Fibromialgia: el ensayo metodológicamente más sólido
Multanen et al. (2018) estudiaron a 108 mujeres con fibromialgia en un ensayo aleatorizado, doble ciego, cruzado y controlado con placebo. El dolor disminuyó tanto durante BEMER activo como durante el tratamiento placebo, pero no hubo diferencias significativas entre las dos intervenciones en dolor, rigidez ni función (3).
La revisión sistemática considera este estudio el de mayor calidad metodológica de los ensayos analizados. Obtuvo la puntuación máxima, 10 sobre 10, en la escala PEDro, una herramienta utilizada para valorar la calidad de los ensayos clínicos en fisioterapia y que examina aspectos como la asignación aleatoria, el enmascaramiento, el seguimiento de los participantes y la calidad del análisis de los resultados (1).
El peso de este resultado es importante: muestra que una reducción del dolor observada durante el tratamiento no implica necesariamente que el efecto sea específico de BEMER.
Síndrome de dolor regional complejo y dolor miofascial
Benedetti et al. estudiaron a 30 personas con síndrome de dolor regional complejo tipo I. Todos los participantes seguían rehabilitación multimodal y se añadía BEMER activo o placebo. En este ensayo piloto, el grupo BEMER obtuvo una reducción del dolor y una mejora funcional a corto plazo superiores al grupo placebo (5). Es un resultado favorable, pero procede de una muestra pequeña y necesita confirmación en estudios más amplios.
Kanaparthi et al. (2020) estudiaron a 40 personas con síndrome de dolor miofascial orofacial. El grupo que añadió BEMER al tratamiento convencional mostró una mayor mejora del dolor y de la apertura bucal que el grupo con tratamiento convencional solo (6). Al no haber un grupo placebo, el estudio sugiere un posible beneficio complementario pero no permite separar el efecto específico de BEMER de los otros factores asociados a la intervención.
Dolor cervical: un dato reciente sobre dolor y funcionalidad
Palmer et al. (2024) estudiaron a adultos con dolor cervical musculoesquelético inespecífico y compararon OMT, BEMER, OMT+BEMER y un grupo control con tratamiento simulado. El dolor disminuyó un 46,2 % con BEMER y un 65,0 % con OMT+BEMER, frente al 23,9 % del grupo placebo; sin embargo, las diferencias entre grupos en la escala de dolor no alcanzaron significación estadística (9).
En cambio, BEMER sí mostró una mejora significativa en el Neck Disability Index, una escala que valora hasta qué punto el problema cervical interfiere en actividades cotidianas. Esta diferencia entre dolor y funcionalidad es relevante: un estudio puede observar cambios funcionales sin demostrar al mismo tiempo una superioridad estadística en la intensidad del dolor. El estudio es pequeño y los mismos autores señalan la necesidad de muestras más grandes (9).
¿Qué aporta la revisión sistemática de 2026?
Karcı et al. (2026) realizaron una revisión sistemática registrada en PROSPERO y estructurada según las directrices PRISMA. Revisaron ensayos aleatorizados sobre BEMER/PEMF en dolor musculoesquelético e identificaron siete estudios que cumplían sus criterios de inclusión (1).
La revisión muestra que diversos estudios describen reducciones del dolor durante las intervenciones. Pero el dato decisivo aparece en las comparaciones con placebo: de los cuatro ensayos que la revisión clasifica como controlados con placebo, solo uno encontró una superioridad significativa del tratamiento activo. Los autores concluyen que la evidencia disponible no establece una superioridad consistente de BEMER sobre el placebo para reducir el dolor musculoesquelético (1).
La lectura directa de los estudios originales disponibles refuerza la necesidad de esta prudencia. Multanen no encuentra diferencias respecto al placebo; Alzayed observa una ventaja inicial que no se mantiene; Auger no obtiene diferencias significativas entre grupos; Benedetti sí muestra un resultado favorable a corto plazo; y Gyulai muestra un resultado favorable en dolor lumbar pero no en artrosis de rodilla (2–7).
¿Por qué los resultados son diferentes?
Los estudios incluyen patologías diferentes y utilizan protocolos diversos: aplicadores, intensidades, duración de las sesiones, número de sesiones y tratamientos asociados no son uniformes. En algunos ensayos BEMER se añade a fisioterapia, rehabilitación, ejercicio, medicación o tratamiento osteopático (1).
Esta heterogeneidad dificulta comparar directamente los resultados y establecer qué personas podrían beneficiarse, en qué situaciones y con qué protocolo. También obliga a evitar extrapolar el resultado de una patología concreta a todo el dolor musculoesquelético.
¿Qué sabemos sobre la seguridad en estos ensayos?
La revisión de 2026 no identifica eventos adversos relevantes atribuidos al tratamiento en los estudios incluidos. Sin embargo, la manera de registrar y monitorizar los efectos adversos no fue uniforme entre los ensayos. Este dato es tranquilizador dentro del conjunto estudiado, pero la información disponible no es suficiente para convertir esta revisión en una evaluación definitiva de seguridad (1).
3. La respuesta a la pregunta inicial
Los estudios clínicos muestran que el dolor ha disminuido durante intervenciones con BEMER en diferentes problemas musculoesqueléticos. En algunas situaciones se han observado resultados favorables respecto al placebo o al tratamiento habitual, mientras que en otras la mejora ha sido similar entre BEMER y placebo, no ha alcanzado significación estadística o no se ha mantenido en el tiempo (1–7,9).
La revisión sistemática de 2026 integra este conjunto de evidencia y concluye que la superioridad de BEMER sobre el placebo para reducir el dolor musculoesquelético no está demostrada de manera consistente. Esta conclusión es especialmente relevante porque el ensayo metodológicamente más sólido, realizado en fibromialgia, observó una reducción del dolor prácticamente equivalente con BEMER activo y con placebo (1,3).
Al mismo tiempo, existen señales favorables en contextos concretos, como algunos estudios de dolor lumbar o síndrome de dolor regional complejo, y datos recientes que sugieren posibles cambios funcionales en dolor cervical. Estos resultados justifican continuar investigando, pero todavía no permiten establecer un efecto analgésico específico y consistente de BEMER ni identificar con seguridad qué personas responderán mejor.
Por ello, la interpretación más fiel a la evidencia actual es considerar que BEMER continúa siendo una intervención en estudio en el ámbito del dolor musculoesquelético. Las futuras fichas de la Biblioteca Científica podrán profundizar en problemas concretos —como dolor lumbar, fibromialgia o artrosis—, donde el balance de la evidencia puede ser diferente.
4. Bibliografía científica
- Karcı B, et al. Efficacy of Bio-Electro-Magnetic-Energy-Regulation Therapy in Musculoskeletal Pain Management: A Systematic Review of Randomized Controlled Trials. Bioelectromagnetics. 2026;47:e70057. doi:10.1002/bem.70057. PMID:42227300.
- Gyulai F, Rába K, Baranyai I, Berkes E, Bender T. BEMER therapy combined with physiotherapy in patients with musculoskeletal diseases: a randomised, controlled double blind follow-up pilot study. Evid Based Complement Alternat Med. 2015;2015:245742. doi:10.1155/2015/245742. PMID:26078768.
- Multanen J, Häkkinen A, Heikkinen P, Kautiainen H, Mustalampi S, Ylinen J. Pulsed electromagnetic field therapy in the treatment of pain and other symptoms in fibromyalgia: a randomized controlled study. Bioelectromagnetics. 2018;39(5):405–413. doi:10.1002/bem.22127. PMID:29709070.
- Alzayed KA, Alsaadi SM. Efficacy of Pulsed Low-Frequency Magnetic Field Therapy on Patients With Chronic Low Back Pain: A Randomized Double-Blind Placebo-Controlled Trial. Asian Spine J. 2020;14(1):33–42. doi:10.31616/asj.2019.0043. PMID:31575112.
- Benedetti MG, Cavazzuti L, Mosca M, Fusaro I, Zati A. Bio-Electro-Magnetic-Energy-Regulation (BEMER) for the treatment of type I complex regional pain syndrome: a pilot study. Physiother Theory Pract. 2020;36(4):498–506. doi:10.1080/09593985.2018.1491661. PMID:29985719.
- Kanaparthi A, Kesary SPR, Pujita C, Gopalaiah H. Bio Electro Magnetic Energy Regulation (BEMER) therapy in myofascial pain dysfunction syndrome: a preliminary study. J Oral Biol Craniofac Res. 2020;10(2):38–42. doi:10.1016/j.jobcr.2020.01.007. PMID:32090003.
- Auger K, Shedlock G, Coutinho K, Myers NE, Lorenzo S. Effects of osteopathic manipulative treatment and bio-electromagnetic energy regulation therapy on lower back pain. J Osteopath Med. 2021;121(6):561–569. doi:10.1515/jom-2020-0132.
- Abdelbasset WK, Nambi G, Elsayed SH, et al. A Prospective Comparative Study of Pulsed High-Intensity Laser Therapy and Pulsed Electromagnetic Field on Chronic Nonspecific Low Back Pain. Photobiomodul Photomed Laser Surg. 2021;39(5):362–368. doi:10.1089/photob.2020.4975. PMID:33685237.
- Palmer GM, et al. Effect of osteopathic manipulative treatment and Bio-Electro-Magnetic Energy Regulation (BEMER) therapy on generalized musculoskeletal neck pain in adults. J Osteopath Med. 2024;124(4):153–161. doi:10.1515/jom-2023-0128. PMID:38033194.
